El Tiempo Vuela

Las vacaciones de Navidad se están acabando de una manera increíblemente rápida. Tan rápidamente como se acaban las palomitas en los primeros minutos de una película; tan rápidamente como unos hot-cakes por la mañana (especialmente cuando por algún motivo no hubo cena la noche anterior); tan rápido como una Coca Cola bien fría en un día caluroso. No quiero ni pensar que en tan solo unos días estaré de vuelta en el aeropuerto, y después de eso hacer horario, compra de libros exageradamente caros que nunca volveré a leer en mi vida, las comidas del comedor de la Universidad, el pequeño cuarto en el que duermo, las múltiples tareas, las horas que duran menos de sesenta minutos, los proyectos, el trabajo, el internado, las desmañanadas... ahhh sí. Muy pronto, muy pronto.

Pero hey, hay que verle el lado amable a todo (si no pregúntenle a Chespirito); me gradúo en Mayo, vuelvo a ver a los amigos de la Uni, disfruto de las obras teatrales auspiciadas por la Uni, al igual que algunos de los conciertos. Y eso sí, el clima de la ciudad de allá es mucho menos caluroso que el de aquí.

Al principio regresar era algo difícil, pero ya estoy más que acostumbrado. Creo que la clave para el éxito cuando emprendemos algo nuevo, y especialmente cuando no hay para dónde hacerse más que seguir adelante es este: las cosas son como son; todo pasa por una razón, hay un propósito para todo. Y claro, siempre tener en mente que, después de todo, así es la vida.

Vacaciones

La semana pasada estaba tomándome un chocolate caliente junto con mi amigo P, un muy buen amigo mío méxico-coreano (él nació en México pero sus papás son coreanos, maestros de artes marciales) afuera del Café de la Universidad cuando llegó Al, otro amigo mío (de China) con una cara algo preocupada. Se sentó con nosotros y me preguntó, “Entonces, Emanuel, ¿vas a cambiar tu vuelo a este viernes?”

Yo le di un sorbo a mi chocolate con cuidado de no quemarme la lengua (como me sucede a menudo), traté de procesar la pregunta que acababa de escuchar, fruncí el ceño, y contesté: “No sé de qué me hablas. ¿Por qué voy a cambiar mi vuelo a este viernes si las vacaciones son hasta el jueves de la próxima semana?” Al casi gritó: “¿Qué? ¿No te has enterado? ¡Adelantaron las vacaciones para este viernes! ¡Nos adelantaron las vacaciones una semana!”

Tengo que admitir que como Al tiende a ser muy bromista, me tomó mucho tiempo en creerle. Mi amigo P decidió checar su e-mail y entonces supimos que sí, era verdad. La razón de que nos dejaran salir es porque hubo una epidemia de Pertussis en la Universidad. La Pertussis es como una gripa fuerte que puede llegar a ser fatal para niños pequeños y ancianos. Así que para evitar que se contagiara toda la Universidad, nos dejaron salir una semana antes.

Eso sí, todos los alumnos entramos en pánico porque al adelantar la salida, también se adelantaron los exámenes finales. Yo pensé que era el fin del mundo. ¡Cómo rayos voy a estudiar para mis exámenes! ¡Nos quitaron siete días de estudio! ¡168 horas! ¡10, 080 minutos!

Por fortuna la mayoría de los maestros acortaron los exámenes, y algunos hasta los cancelaron. Nada mal, nada mal.

Y entonces, el día de ayer llegué aquí a México, después de pasar todo el día volando dentro de pájaros metálicos. ¡México lindo y querido!