Hermosa Tecnología

El Dr. J mira con intensidad la pantalla de la computadora frente a él. Su ceño se frunce lentamente, sus blancas cejas se acercan la una a la otra, juntándose cada vez más hasta casi formar una línea horizontal. El puente de su nariz aguileña se arruga un poco, y sus labios se arquean ligeramente hacia abajo. Yo, sentado en mi banco, sé perfectamente la situación. La computadora no está funcionando de nuevo, pienso.

 

La clase de Teorías de la Comunicación es una de las más difíciles de mi carrera. El Dr. J es un maestro excelente; tiene muchos años enseñando diferentes materias de comunicación, así que es un profesor muy reconocido en el cámpus.

 

Debo decir que es algo excéntrico. De complexión delgada, con lentes grandes y un cabello blanco perfectamente bien peinado. Sus pantalones están sujetos no con un cinto, sino con tirantes de piel. Siempre viste de traje, normalmente gris y cuadriculado, con zapatos cafés y algo viejos. Pero lo que lo distingue de todos los demás maestros de la universidad es que no usa corbata... usa moño. Y se enorgullece de ello.

 

No sé si el Dr. J odia la tecnología, o la tecnología a él, el asunto es que con regularidad tengo que aguantarme la risa en clase porque por alguna razón, casi siempre hay dificultades técnicas ya sea con la laptop o el retroproyector.

 

Por lo general la primera reacción del Profesor es fruncir el ceño. Da unos cuantos clicks más, mira hacia la pantalla en la pared, mira al retroproyector que se rehúsa a mandar la imagen, y regresa su mirada a la computadora. Click, click, click. Nada. Menea la cabeza en frustración y comienza a murmurar. «Estás jugando conmigo, ¿no? No puede ser, esto es increíble...».

 

Al final levanta de nuevo las manos y dice: "¡No lo puedo creer! ¿Qué le pasa a esta cosa? ¿Quién me la desconfiguró otra ves?". Es allí cuando uno de nosotros levanta la mano, hace una sugerencia, y dos minutos después algo mágico sucede y todo el equipo cobra vida.

 

Y así, después de que el Dr. J nos echa una mirada que refleja una mezcla de frustración, diversión y vergüenza (probablemente nota las sonrisas de todos nosotros), comienza a dar la clase.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, Mánu! espero que te encuentres muy bien!
pobrecito tu maestro!! jajaja, de cuantos años es?
bueno, se despide la apurada...
Elfa