Un cafecito, por favor

Son las diez de la mañana. La clase de Comunicación Oral se canceló, así que decido comprarme un café y disfrutarlo en mi cuarto mientras leo el periódico en línea. Le falta un poco de azúcar, sí, pero aún así sabe bien. Debo admitir que no soy un gran fan del café. Siempre he pensado que un líquido con la capacidad de controlarte no puede ser bueno. Si algo no quiero es ser adicto a una sustancia.

Lo que más me gusta del café es el aroma. Ahhh, no hay nada como despertarte con el aire impregnado de esa fragancia tan deliciosa. «Hoy será un buen día», me hace pensar. Claro que también me gusta como sabe, obviamente. No tan rico como el de una Coca-Cola bien fría a la hora de la comida, pero rico de todos modos. Lo que no me gusta es el sabor que deja en la boca, el cual la lengua parece absorber, solo para dejarte con un horrible aliento el día entero.

En los EUA es muy común tener un «coffee break» aproximadamente a las nueve de la mañana, especialmente en el mundo de negocios. Un tiempo para distraerse, chismear y recargar las baterías. En la clase de psicología del día de hoy, el Dr. M dijo que el término «coffee break» fue popularizado por John B. Watson, el psicólogo famoso por su experimento con el pequeño Albert (un experimento bastante desconcertante y nada ético. El video me dejó asustado de lo que este hombre hizo con el pequeño bebé).

A Watson se le prohibió enseñar en la universidad porque tenía una vida inmoral (en aquel tiempo a la gente le importaba), así que decidió entrar al mundo de publicidad. El decía que era capaz programar a cualquier humano a hacer lo que él, Watson, quisiera. Básicamente creía que los humanos somos animales; todo lo que hacemos es gracias a la forma en que fuimos enseñados.

Años después, la gente sigue tomando café a las nueve de la mañana, justo como Watson los programó. Qué interesante.

Me terminó el café, cierro la computadora, y me lavo los dientes para así intentar erradicar si quiera algo del resabio. «Hoy será un buen día», pienso antes de salir a mi próxima clase. «Si se cancela la clase de mañana a las nueve, haber si me tomo un cafecito...»

2 comentarios:

Raquel dijo...

uff... fui a leer la wikipedia para buscar información acerca del doctor. Resulta francamente escalofriante.
La universidad me ha generado reflejos condicionados bastante curiosos. Cuando corregía "laboratorios" de cálculo lo hacía de madrugada escuchando a los Beatles. Ahora escuchar a los Beatles me da frío. Y en el laboratorio de geotecnia el profesor siempre bebía café; quedó tan ligada la imagen de muestras de tierras con el aroma del café que ahora que huelo el café pienso inmediatamente en tierra.
En fin... supongo que me podría haber ido peor.
Nos leemos.
Drowsy.

Anónimo dijo...

hey! yo quiero un starbucks por favor.... jejeje me gusta el cafe solo si tiene mucha leche... o es muy dulce con galletita o crema... o asi todo fancy, so long, boy,
Elfa