Cinco, Siete, Cinco

«Fragmentos»

 

Fragmentos veo

Sentado en el metro.

Desaparecen.

 

 

 

«Marchita»

 

La flor marchita

Se mece suavemente.

Danza otoñal.

Un Mundo Mágico

Una de mis tiras cómicas favoritas es la de «Calvin y Hobbes». Las razones por las cuales esa tira me gusta tanto son muchas, así que no entraré en detalles. La última tira, publicada el 31 de Diciembre de 1995, muestra a Calvin (encima del trineo, listo para descender por la nieve) diciéndole a Hobbes, "¡Es un mundo mágico, Hobbes viejo amigo!" En el último cuadro están los dos deslizándose por la nieve mientras Calvin exclama: "¡Vamos a explorar!"

Coincido con Calvin. Vivimos en un mundo en donde hay mucho por descubrir. Vivimos en tiempos emocionantes. La tecnología avanza a una velocidad que hasta da miedo. Uno titubea antes de comprar algún gadget porque sabe que probablemente será obsoleto en menos de un año.

No hay un planeta como el nuestro. Creo firmemente que la Tierra fue formada específicamente con la humanidad en mente por un Creador inteligente y omnipotente. El Planeta Azul, como se le conoce, es el único con condiciones perfectas para la vida humana. Es impresionante comparar fotos de planetas y estrellas con el nuestro y encontrar diferencias exorbitantes. Vivimos en un mundo mágico, fantástico, especial.

Tengo un respeto por la gente curiosa. Por la gente que tiene deseos de explorar. Que no se conforma con seguir la rutina si hay alguna forma de mejorarla e inclusive cambiarla. Es gracias a ellos que avanzamos. No solamente me refiero a científicos o exploradores, sino también a escritores, teólogos, artistas, hombres y mujeres de negocios, matemáticos, etc. Gente innovadora.

En ese último cuadro, Calvin y Hobbes sonríen mientras el trineo se adentra al bosque. A lo desconocido. A lo que están por descubrir.

Un cafecito, por favor

Son las diez de la mañana. La clase de Comunicación Oral se canceló, así que decido comprarme un café y disfrutarlo en mi cuarto mientras leo el periódico en línea. Le falta un poco de azúcar, sí, pero aún así sabe bien. Debo admitir que no soy un gran fan del café. Siempre he pensado que un líquido con la capacidad de controlarte no puede ser bueno. Si algo no quiero es ser adicto a una sustancia.

Lo que más me gusta del café es el aroma. Ahhh, no hay nada como despertarte con el aire impregnado de esa fragancia tan deliciosa. «Hoy será un buen día», me hace pensar. Claro que también me gusta como sabe, obviamente. No tan rico como el de una Coca-Cola bien fría a la hora de la comida, pero rico de todos modos. Lo que no me gusta es el sabor que deja en la boca, el cual la lengua parece absorber, solo para dejarte con un horrible aliento el día entero.

En los EUA es muy común tener un «coffee break» aproximadamente a las nueve de la mañana, especialmente en el mundo de negocios. Un tiempo para distraerse, chismear y recargar las baterías. En la clase de psicología del día de hoy, el Dr. M dijo que el término «coffee break» fue popularizado por John B. Watson, el psicólogo famoso por su experimento con el pequeño Albert (un experimento bastante desconcertante y nada ético. El video me dejó asustado de lo que este hombre hizo con el pequeño bebé).

A Watson se le prohibió enseñar en la universidad porque tenía una vida inmoral (en aquel tiempo a la gente le importaba), así que decidió entrar al mundo de publicidad. El decía que era capaz programar a cualquier humano a hacer lo que él, Watson, quisiera. Básicamente creía que los humanos somos animales; todo lo que hacemos es gracias a la forma en que fuimos enseñados.

Años después, la gente sigue tomando café a las nueve de la mañana, justo como Watson los programó. Qué interesante.

Me terminó el café, cierro la computadora, y me lavo los dientes para así intentar erradicar si quiera algo del resabio. «Hoy será un buen día», pienso antes de salir a mi próxima clase. «Si se cancela la clase de mañana a las nueve, haber si me tomo un cafecito...»

Fallece la Leyenda del Silencio

El día de hoy falleció Marcel Marceau, el famoso mimo "Bip", a los 84 años. Muró en su natal Francia por razones aún no especificadas. No recuerdo cuando fue la primea vez que oí de él, y aunque nunca tuve la oportunidad de verlo en vivo, gracias a la tecnología actual (YouTube) disfruté de varias de sus actuaciones, en especial su mundialmente famoso acto en el que combate contra el viento de una tormenta invisible.

 

Lo que sí recuerdo es la primera vez en que vi a un mimo. Tendría unos nueve o diez años. En la escuela realizamos un viaje al Planetario Alfa, y la atracción principal era la Mega Pantalla IMAX. Antes de que comenzara la función, las luces se apagaron excepto por una, la cual iluminaba a un personaje que había entrado al escenario de una forma tan silenciosa que ni me percaté de su llegada. Vestía totalmente de negro, con su cara pintada de blanco y con un sombrero en su cabeza que engalanaba su atuendo. Sin decir palabra alguna comenzó su rutina, la cual incluía un ave como mascota, problemas en la casa, y la ya muy famosa escena en la que se despierta encerrado dentro de una especie de cubo.

 

Hace cuatro años viajé con mi familia a la Florida, y allí vimos a un mimo italiano—me parece—el cual después de poner un poco de música, nos entretuvo de una forma fabulosa con una rutina que incluía un maletín exageradamente pesado (y rebelde), además de varias figuras hechas con globos.

 

Quedé tan impresionado por ese arte que, años después, leí varios libros de pantomima, inclusive practiqué un poco frente al espejo, pero con muy poco éxito. Vaya que es difícil. Comunicar sin usar palabras es todo un arte. Yo he pasado tres años y fracción de mi vida aprendiendo a comunicar efectivamente, y aunque mis estudios incluyen la comunicación no verbal (ademanes, contacto visual, etc.), creo que nunca podré comunicar en silencio tan efectivamente como un mimo.

 

Algunos datos interesantes del famoso Pierrot son los siguientes: Su padre, judío, muró en Auschwitz asesinado por los Nazis. Conoció a su ídolo, Charles Chaplin, en un aeropuerto. Michael Jackson dijo que su paso "moonwalker" fue inspirado en Marceau.

 

Descanse en paz, Marcel "Bip" Marceau.

Una Simple Melodía

"Todos somos como un violinista en un tejado, tratando de entonar una simple melodía sin rompernos el cuello". Esas son las palabras de Tevye el lechero, personaje principal del musical El Violinista en el Tejado. La premier de este musical (uno de mis favoritos) se llevó a cabo en un día como hoy, en el año de 1964. ¿Dónde? En donde muchos de los musicales más famosos se presentan: Broadway.

 

Se trata de la familia de Tevye, del pequeño pueblo de Anatevka, de la vida y sus problemas. Una comedia-drama que vale la pena ver. La música es fantástica y, la película, excepcional. Trise, sí, pero excepcional.

 

Algunas veces me pregunto si, como dijo Tevye, mucha gente se pasa la vida tratando sin éxito de entonar bien la canción de la vida, en un techo, solitarios, sin darse cuenta de que un resbalón y todo se puede venir abajo. Algunos con más éxito que otros, pero nadie completamente satisfecho con el sonido de la melodía.

 

Como cristiano, mi punto de vista es muy diferente al de la mayoría de la gente. Para mí la canción no armoniza, no suena bien, si Cristo no es quien afinó el violín.

 

Para otros, la única forma de mantener la estabilidad es a través del dinero, el amor, la educación, o como dijo Tevye: "Sin nuestras tradiciones, la vida sería tan inestable como… ¡como un violinista en un tejado!"