Lo que el universo anuncia.



El cielo lo proclama
En la luna, en las estrellas,
En planetas que adornan
Las galaxias tan inmensas.

Es un grito en el relámpago,
Un murmullo en el riachuelo,
Inaudible es en la hoja
Que flotando cae al suelo.

La hormiga lo anuncia
De manera silenciosa,
Ateniéndose a su fila
En su marcha rigurosa.

Su heraldo es la araña,
Que desciende cual princesa
Sobre finos cordoncillos
Que atraparon a su presa.

Es el león que lo divulga
Con bostezo majestuoso,
Descansando en la sabana,
Observando sigiloso.

Se distingue en la escultura
Del artista apasionado,
Que tras dos mil martillazos
Finalmente ha terminado.

Es la música que brota
Del razguear de la guitarra,
Que se entona, aquella noche,
Acompañada de chicharras.

Está en el clak desordenado
Que produce el escritor
En su máquina; entregado
Por completo a su labor.

Se encuentra en todas partes,
Es visible—es palpable—
Imposible es de evadir,
Es audible—es gustable.

Lo que el universo anuncia,
Lo que grita en su esplendor,
Lo que no puede callar...
¡Es la gloria del SEÑOR!

Una gloria tan inmensa,
En el mundo incontenible.
Y por más que se ha intentado,
Sigue siendo indescriptible.

Oh, Señor, ahora te pido
Que me ayudes a dejar,
Todo aquello que esa gloria
No me deje reflejar.



Emanuel Elizondo. 
Derechos reservados 2016.

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México aprueba el matrimonio homosexual. ¿Ahora qué?

Nota: Escribí este artículo originalmente para el blog de La Coalición por el Evangelio.
Estamos viviendo una revolución moral sin precedentes. México, al igual que otros países Latinoamericanos, está siguiendo el patrón que vemos en los EUA y Europa. De acuerdo al periódico Excélsior, “El presidente Enrique Peña Nieto firmó este martes una iniciativa para reconocer en la Constitución el matrimonio entre personas del mismo sexo”.
Por otra parte, el diario New York Times recientemente reportó que el presidente Norteamericano Barack Obama está empujando a que toda escuela pública debe dar acceso sin restricción a niños transgénero al baño del género con que se identifican, sin importar cuál sea su sexo biológico.
Por como lucen las cosas, en poco tiempo los cristianos tendremos que lidiar con una moralidad completamente antibíblica en nuestra sociedad. ¿De qué manera podemos enfrentar esta situación?  ¿Cómo nos preparamos, nosotros y la próxima generación de creyentes, en estos temas? Aquí hay algunos principios bíblicos que nos guían a afrontar esta situación.

1. El pecado es pecado.

La Biblia claramente enseña que el cometer actos homosexuales es pecado (ver por ejemplo: Gén. 19:5; Lev. 18:2220:13Ro. 1:26-281 Co. 6:9-101 Tim. 1:8-11Judas 7). Dios habla con claridad al respecto en ambos Testamentos. A pesar de la gravedad de este pecado, debemos entender que la Biblia enseña que, aparte de Cristo, cualquier pecado nos lleva a la condenación eterna, incluyendo algunos que la sociedad (¡o hasta algunos cristianos!) consideran pequeños, como la mentira (Apoc. 21:8).

2. Juzgar es peligroso.

Cristo dijo, “No juzguen por la apariencia, sino juzguen con juicio justo” (Jn. 7:24). Cristo nos exhorta de manera categórica a no juzgar con parcialidad, ya que el hacerlo tiene graves consecuencias (Lc. 6:37). Es más, debemos examinar bien nuestros motivos y asegurarnos que no tengamos una inmensa viga en el ojo mientras intentamos sacar una paja (Lc. 6:41-42; ver también Ro. 2:13).
Algunos cristianos toman la actitud de apuntar el pecado de todos, y nunca se examinan a sí mismos. ¡No debemos ser así! Ante esta revolución moral (o mejor dicho, revolución inmoral), los cristianos debemos ser firmes en nuestra oposición al pecado, e igual de firmes en nuestro amor por las almas perdidas. Cuando nuestro Señor nos mandó a amar al prójimo, no dijo: “Excepto a los homosexuales”. Más bien, Él mismo demostró un amor profundo por los pecadores, incluyéndonos a ti y a mí. El que no ama a los demás, no ha entendido el amor de Dios.

3. Cristo nos dejó ejemplo.

En los Evangelios encontramos ejemplos de cómo el Señor Jesucristo trataba con los pecadores. En una ocasión, estando Jesucristo comiendo con publicanos, fue acusado por los fariseos. ¿Cómo respondió Jesús? “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos” (Lc. 5:31). El ejemplo de Jesús es el de un médico ministrando a enfermos. ¿Puedes imaginar a un doctor que no quiera entrar a un cuarto porque en él hay enfermos? ¡Qué mal doctor sería! Pero Jesucristo es el perfecto doctor, y nosotros los enfermos necesitados. Si Jesucristo actuó así hacia nosotros, mucho más debemos actuar de la misma manera hacia los demás.
No olvidemos la compasión que se muestra en el relato de una mujer adúltera (Jn. 8:3-11), y la declaración formidable de Jesús hacia los sacerdotes y ancianos de Israel: “Los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que ustedes” (Mt. 21:31). En otras palabras, Jesucristo siempre demostró amor y compasión hacia aquellos en pecado, y perdonó a todo aquel que se arrepintió y creyó en Él.

4. La gracia es suficiente.

La gracia transformadora de Jesucristo es impresionante. Dios incondicionalmente nos salvó no por nuestras obras, sino por su misericordia (Tito 3:5). El evangelio puede transformar hasta el corazón más duro. Todos nosotros hemos escuchado historias de cómo Jesucristo cambió radicalmente a hombres y mujeres que estaban atrapados en el calabozo más oscuro del pecado.
Pablo daba testimonio de que en la iglesia de Corinto Dios había salvado a injustos, inmorales, idólatras, adúlteros, afeminados, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, difamadores, y estafadores. Por eso escribió, “Y esto eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:11, énfasis agregado). ¡Qué hermosa es la gracia!

5. La oración es poderosa.

¿Qué podemos hacer? Ponernos de rodillas y rogar por nuestros países, por nuestras autoridades, por nuestra sociedad (1Tim. 2:1-3). Que Dios tenga misericordia. Que Dios mande avivamiento. Que Dios nos mantenga firmes. La oración es poderosa. No hay por qué temer.
Hermanos, quizá se acerca el tiempo cuando el creer la Biblia sea sinónimo de ir a la cárcel. Pero hasta que así sea, y aún si eso sucede, debemos mantenernos firmes en lo que la Biblia enseña. No aceptar el pecado, y demostrar amor por las almas perdidas dándoles el evangelio.
¿Por qué no te tomas un tiempo para elevar una oración a Dios? Que Dios le dé a su Iglesia valor y discernimiento. Cuando pienso en estas cosas, no puedo evitar decir: “¡Ven, Señor Jesús!”.

Tres cosas que debes saber de la Trinidad.



La Trinidad es una doctrina fundamental de la fe cristiana. Un cristiano que no cree en la Trinidad es una contradicción de términos. Me sorprende que cada vez escucho más de “iglesias” o “cristianos” que consideran esta doctrina como secundaria, o en el peor de los casos, la niegan por completo.

Aún más, es triste que muchos creyentes no pueden dar una defensa coherente de esta doctrina, tanto así que hace poco me tocó hablar con una persona que al intentar explicar la Trinidad, explicó en realidad el modalismo, una antigua herejía.

Veamos brevemente tres cosas importantes que todo cristiano debe saber de esta doctrina.

1. La Trinidad es una doctrina bíblica.
Desde el libro de Génesis, capítulo uno, ya vemos esta doctrina. El primer versículo menciona a Dios. El segundo, al Espíritu. Y en el tercero, se menciona la palabra “dijo”, que es en hebreo ’amar y en griego lego (o logos en sustantivo [en la Septuaginta]). Podemos argumentar que Jesucristo—quien es el logos (Jn. 1:1), la Palabra de Dios mediante la cual el universo fue creado (Heb. 1:3; 11:3; Col. 1:16)—está presente en ese versículo tres.

Otro pasaje es Gn. 1:26, donde Dios dice “hagamos” en plural. El reconocido teólogo Tom Schreiner dice de Gn. 1:1-3 y Gn. 1:26:

“Un punto de vista canónico apoya una lectura trinitaria, la cual se sugiere por las palabras mismas del texto y confirmadas por el canon entero”.[1]

¡Hay muchísimos otros pasajes! Aunque la lista no es completa, aquí hay algunos: Sal. 110:1; Is. 63:10; Is. 42:1; 48:16; 61:1; Mt. 3:16-17; 1 Cor. 12:4-6.

2. La palabra Trinidad no aparece en la Biblia.
El primer uso de esta palabra se remonta a Tertuliano, un pastor que vivió 200 años después de Cristo.[2] Tertuliano usó esta palabra para combatir a aquellos que enseñaban que Jesucristo y el Espíritu Santo no eran Dios.

Una persona me dijo una vez: “Yo no uso la palabra Trinidad porque no viene en la Biblia, aunque sí creo en ella”. Entonces le pedí que me explicara lo que creía, y no solamente no lo puedo hacer, sino que me dijo algo muy parecido a herejía.

Hay muchas palabras que usamos en la teología que no vienen en la Biblia, y lo hacemos porque bajo la gracia común de Dios tenemos la libertad para usar el lenguaje para Su gloria.

Algunas palabras importantes que usamos los cristianos y que representan conceptos bíblicos—pero que la palabra en sí no se encuentra en la Biblia—son: consustancial, unión hipostática, cánon, Biblia (el uso moderno no es igual al uso bíblico del griego), inerrancia, entre otras.

Sin embargo, cada una de estas palabras representan conceptos y principios bíblicos que son fundamentales en nuestra fe.

3. La Trinidad no son tres dioses.
Una de las críticas más comunes a la doctrina bíblica de la Trinidad es que enseña tres dioses. Esto es falso. La Biblia enseña claramente que hay un Dios (Dt. 6:4), y también enseña claramente que el Padre es Dios (Ef. 4:6; Fil. 4:20; Sant. 3:9; etc.), el Hijo es Dios (Jn. 1:1-4; 20:28; Heb. 1:3, 8), y que el Espíritu es Dios (Jn. 3:5-7; Hech. 5:3-4; Sal. 139:7-8). Así que tanto el Padre, como el Hijo, como el Espíritu, son Dios. Hay amplia evidencia bíblica de esto (otros pasajes donde se muestra a las tres personas de la Trinidad como iguales: 1 Co. 12:4-6; 2 Co. 13:14; Ef. 4:4-6; 1 P. 1:2: Jud. 20-21).

Así que la Biblia enseña lo siguiente: “un Dios en tres Personas”.

Las tres personas de la Trinidad son consustanciales. Eso quiere decir, “de la misma naturaleza; que tiene la misma sustancia o esencia” (diccionario Webster). Y sin embargo, no son la misma Persona. El Padre no murió en la cruz, sino el Hijo. (Confundir las Personas de la Trinidad, es caer en error, como el de las herejías del Patripasianismo, Monarquismo Modalista, etc.).


"Un Dios; tres Personas".

Entonces... ¿es la Trinidad una contradicción? A primera instancia, parece que sí. Pareciera que Dios es y no es algo al mismo tiempo y en la misma relación. Sin embargo, el pastor, teólogo, y filósofo R.C. Sproul explica muy al punto:
 Dios es uno en A (esencia) y tres en B (personas). Según este principio, vemos que la Trinidad no infringe la lógica. La ortodoxia afirma que Dios, con relación a una cosa, está unificado, pero con respecto a otra cosa tiene diversidad o pluralidad. Eso no es una contradicción. . . . ¿Misterio? Sí. ¿Contradicción? No. Debemos ser cuidadosos en observar la diferencia”.[3]

Conclusión.
¡Qué grande es nuestro Dios! En su totalidad, es incomprensible. Pero ¡gracias sean dadas a Él, porque se ha revelado claramente en las Escrituras! La Trinidad es una doctrina que nosotros los cristianos debemos de celebrar por su belleza, y porque nos apunta a un Dios más grande que nuestra cabeza. Escuché a alguien decir: “No quiero un Dios que domine con mi mente, sino un Dios que domine mi mente”. Que así sea.



[2] Pocket Dictionary of Theological Terms, s.v. “T,” 112.
[3] R.C. Sproul, Cómo defender su fe (Editorial Portavoz), p. 42, 48.

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Hecho carne.

"Adoración de los magos", Leonaert Bramer, c. 1628.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotrosJuan 1:14.

Es impresionante cuanta teología tiene este versículo. Hoy meditaremos en tres cosas que encontramos en él.

El Verbo.
Primeramente, Jesucristo es llamado el Verbo. En griego la palabra es “logos”, y se puede traducir como “palabra” o “mensaje”.  Jesucristo es el mensaje vivo de Dios para nosotros. Nos declara el camino al Padre y la manera de llegar a Él. La Biblia es clara: la única manera de llegar a Dios es a través de Jesucristo (Juan 14:6). No hay otro camino.

Hecho carne.
Este verbo, siendo Dios, se hizo carne.[1] Cristo Jesús vino al mundo en obediencia y humildad. La frase “se hizo carne” indica que Jesucristo estuvo involucrado en su encarnación. Él, de su propia voluntad, y siguiendo la voluntad de su Padre, de acuerdo al plan de redención formulado en la eternidad pasada, tomó forma humana para poder representarnos y ser el segundo Adán quien nos vivifica (1 Corintios 15:22).

Habitó entre nosotros.
Pero no sólo se hizo carne, tomando forma humana, sino que habitó en medio de nosotros. La palabra griega “eskenosen”, traducida “habitó”, literalmente quiere decir: “puso su tienda entre nosotros”, hablando de una carpa o tabernáculo.[2] Jesús no se fue a vivir a un palacio, o se recluyó en alguna zona desértica. Más bien, decidió habilitar en medio de su pueblo.

Concluyendo...
El ejemplo de Jesucristo nos llama a la humildad. Tenemos un Dios que “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6-8).

Esta Navidad, demos gracias a Dios por Jesucristo.




[1] El verbo es “egeneto (ginomai)”, y es un aoristo medio indicativo. Así que la mejor traducción es: “Se hizo”.
[2] De acuerdo al Mounce Greek Dictionary.

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